Dicho de otra manera, son cosa mayor. Con la salida del nuevo battletome, las pasiones se desataron y las huestes élficas tocaron cuernos y trompetas para llamar a la batalla. Innegablemente, la respuesta a las nuevas reglas de los elfos luminosos ha sido positiva, dado que fueron (éramos) la segunda facción más representada de Orden, empatando con Sylvaneth. 23 jugadores, por detrás de los todopoderosos Stormcast, que trajeron a 34 generales, y, en el agregado, sólo tras opciones tan populares como Khorne, Soulblight, Gloomspite, Slaves y FEC.
Partíamos, eso sí, con una desventaja, y es que el libro apenas había salido a inicios de febrero, con escasas 2/3 semanas para la lectura de reglas, testeo de listas y desarrollo de estrategias. Esto reducía las posibilidades de personalización y fomentaba la legendaria táctica Ditto que aquí hemos defendido con fervor: copia lo que funciona. Si el otro día mi querido amigo José nos deleitaba con sus andanzas probando y desarrollando su lista de Hashut, hasta su 5-0 en Talavera, yo opté por la cobarde salida de recurrir a aquello que me había gustado de lo que pululaba por las redes y parecía estar funcionando.
Antes de pasar a hablar de la lista, cabe decir que una virtud del nuevo libro de Lumineth es la versatilidad a la hora de sacar distintas maneras de jugar. En Talavera hubo muchas listas con Teclis y Vanari, incluyendo la de Jordi (Nordheim), que acabó con un 5-0 y como elfo mejor clasificado. Dos basadas en la carga de los Rohirrim, pilotadas por Miguel y Xuxi, que no perdieron ninguna partida y formaron parte de los dos mejores equipos. Y mezclas como la de Alberto (Suit and War), con otro 5-0, o mi herohammer, que acabaría 4-1 (Spoiler). En resumen: un buen momento para jugar nuestros elfos favoritos, y sin demasiado miedo a lo que está por venir en el Battlescroll.
Ha de reseñarse también que tanto mi colega Adri como nuestros amigos del Cobrador se han currado unas estadísticas tremendas, que pronto os presentaremos, que nos muestran que Lumineth parece haber salido, como mínimo, bien. Pero, sin más dilación, pasemos a la lista y el torneo.
Los súper-colegas se van de fiesta: la lista que cabe en una bolsa
Hueste de Thaliontil 1970/2000 pts
Lumineth Realm-lords
Aelementor Guardians (10 Points)
General’s Handbook 2025-26
Drops: 5
Spell Lore – Lore of the Awakened Realms
Manifestation Lore – Manifestations of Hysh
Battle Tactic Cards: Master The Paths, Intercept and Recover
General’s Regiment
Avalenor, The Stoneheart King (420)
• General
Alarith Stoneguard (260)
• Reinforced
Regiment 1
Ellania and Ellathor, Eclipsian Warsages (290)
Hurakan Spirit of the Wind (270)
Regiment 2
Hurakan Windmage (140)
• Silver Wand
• Acolyte of the Runes
Regiment 3
The Light of Eltharion (290)
Regiments of Renown
Saviours of Cinderfall (290)
Callis and Toll
Toll’s Companions
Faction Terrain
Shrine Luminor
No has contado mal: 21 miniaturas (22, si consideras que Ellania y Ellathor son 2). Pero con múltiples ventajas: movilidad, resistencia, capacidad de decidir los combates (y su orden), y mucha potencia mágica. En su debe está la dificultad para infligir mortales, más allá de la Runa de Petrificación y el Power Through, y la vulnerabilidad ante disparo concentrado por la presencia de dos monstruos que no se pueden esconder.
La lista cumplía también con otra función dentro de un torneo por equipos: su versatilidad ante todo tipo de listas. Mis queridos Buenchas suelen reírse de mí por mis dificultades para echar partidas ante la imposibilidad de decir que «no» a un compromiso social, pero, en esta ocasión, creo que cumplí. Unas 8/9 antes de llegar al GT, e intentando testearla ante listas que creíamos que se verían mucho (Stormcast con martilleros, devoratas, FEC), algunas que me vendrían fatal (Hashut/Joshut), y añadidos como Nurgle. En general, los súper-colegas demostraron su capacidad para puntuar en todas las situaciones, mantenerse en la partida hasta el final y poder mantener duelos difíciles en el fiel de la balanza. Es decir: un buen ejército para comerse marrones mientras otros clavaban las puntuaciones altas.
Con esta mentalidad enfoqué el torneo y las partidas. Álvaro, nuestro capitán, sabía que podía contar con que Leo (trolls) y yo absorbiéramos algunos duelos difíciles para dejar cancha abierta a Hashut y sus cañones, los Stormcast de Andrés, los devoratas de Juankar o sus propios terrorgheist. La estrategia funcionó bastante bien, aunque, desafortunadamente, nos dejáramos una ronda por el camino. ¿Pero cómo fue el GT? Pues bien…
Ronda 1: Raiderz – Músico. Dragones delirantes.

Nos hicimos 2 horas de camino hasta nuestra casa rural, sita a escasos 42 minutos de Talavera, para llegar al recinto y jugar contra nuestros queridos Raiderz. Una primera ronda que nos habíamos intentado preparar lo más posible, y en la que acabé emparejado con los Flesh-Eater Courts de Luis (Músico). Duelo practicado previamente y en el que tenía muy claro lo que hacer en el mapa de 6 puntos: fijar una posición con Callis y Toll, asegurarme de cubrir mi centro con el disparo del Espíritu del Viento para atemorizar con el pegar último, y mantener fuera de peligro a Eltharion para poder entrar y salir de combates relativamente a placer.
Dado que voy a 5 drops, asumo que voy a salir en casi todas las partidas. Esta no fue una excepción, y jugué defensivo para asegurar que empezaba con la runa del río (reduciendo las cargas rivales a 12» de 3 de mis unidades en 2»). Músico acercó a su horda de nobles corceles y pasamos a una ronda 2 que sería decisiva. Ahí activé Alaithi, la runa de piedra, que fortificó a mis Stoneguard a una salvación de 3s con ward de 5s, con Avalenor haciendo lo propio junto a Eltharion. Todas estas unidades, además, se beneficiaban de un -1 a herir, dada la combinación de runas en mi dibujo. Además de todo esto, la Runa de Petrificación decidió dejar a 2 terrogheists pegando último, y un disparo defensivo del Espíritu del Viento hizo lo propio con otro.
Esto se probó decisivo. Músico se lanzó a la carga y activó al temido Rey en Terror. Los dados no le sonrieron, y los 6s apenas provinieron de sus garras de D2 y no de sus potentes bocados. Con un CP, el -1 a herir, la ward de 5s y la prevención de un punto de daño por fase, sólo 3 Stoneguard se fueron al suelo. Y lo que fue peor: Eltharion tuvo sitio para colocarse, rematar a un Terror antes de que atacara, y dejar que Avalenor y los martilleros aporrearan a otro hasta morir. Aquí se acabó la partida. Músico no salvaba ni lograba tiradas de ataque altas, y mi ejército avanzó para limpiar mesa a finales de la Ronda 3. 1-0 para nosotros.

Hacia el final de la partida. Sin unidades para puntuar apenas, y con la amenaza constante de Eltharion, las nobles huestes de las Cortes se baten en retirada.
Ronda 2: Papua – Mario. La vaca que batea.

Aquí me olvidé de sacar una foto, así que he optado por una de Vhordrai, pieza central del ejército de Mario, junto con 2×10 Blood Knights, en un clásico de estos últimos meses de edición. Es siempre un placer jugar contra Papua, equipo vital de este hobby, y también contra Mario, que me había derrotado en la última ronda del GT de Lugo. Venganza, esperaba yo, para Lumineth, en «Passing Seasons», con puntos muy alejados y una puntuación que debía tender a la baja, dada la alternancia en la activación de objetivos.
La clave aquí estuvo en la Ronda 3. Tras dos iniciales de tanteo, muy igualados en el marcador, supe que tenía que apostar por lanzarme hacia delante, dado que, con Scouts y Restless, Mario acabaría ganándome, pues no podía mantener mis dos puntos frente a sus DRs y capacidades de resurrección. Avalenor decidió, entonces, lanzarse a por los Blood Knights del objetivo suroeste, acompañado por el Espíritu del Viento y Eltharion. A pesar de no lograr barrerlos, redujo considerablemente sus filas. La idea era mantener esa posición y utilizar a Avalenor de yunque, apoyado por el zorro, para que la Stoneguard y los gemelos pudieran hacer labor de limpieza de caballos, mientras que Callis y Toll limpiaban el punto noreste y evitaban que pudiera haber ventaja en primarias y secundarias.
Y he aquí el desastre para Mario. Una carga de 7 fallada en dos ocasiones con su segunda unidad de Blood Knights, mientras que Vhordrai se trababa con un Avalenor que lo retaba a duelo, merced a su rampage al 3+. De nuevo, la combinación de debufos, y la mala suerte de Mario al tirar mortales y ataques, llevó a que Eltharion infligiera 8 daños al príncipe, y Avalenor lograra conectar 6 de 8 ataques al 4/2 (desafiando toda estadística). Con una sola salvación al 5+, de nuevo por debajo de la media, el Rey de las Montañas bateó al dragón de vuelta a la Fortaleza Carmesí. Y la partida se hizo mía, dado que, con los Vargheists atrapados en dos puntos (y descuartizados poco a poco), y una unidad de Blood Knights flotando en la nada ante el avance de los martilleros, la victoria estaba próxima. 2-0.
Ronda 3: Disfunción Mágica – Juan. Odio este mapa.

Paths of the Fey es, junto con Liferoots, el mapa que más detesto de este GHB. No es de extrañar que la primera ronda de la partida que jugamos Juan y yo consistiera, básicamente, en intentar puntuar lo menos posible para empezar a activar los objetivos y cambiar el orden de las unidades, Tras una ronda 1 poco interesante, pasamos a la 2.
Yo había puesto a Callis y Toll como cebo en el centro para atraer la carga rival. Cayeron ante los Blood Knights, que lograron daño 2 como premio a su esfuerzo. Esta disposición de Callis y Toll fue un error mío, que ya había cometido con Mario en Lugo, donde situé a los gemelos demasiado expuestos a la carga de unos Blood Knights. Me explico: una lista con Vhordrai orbita en torno a su capacidad, brutal, de otorgar bufos a las unidades. Regalando una muerte, sólo ayudaba a que esos caballeros fueran mucho más letales contra la infantería. Sobreestimé la resistencia de Callis y Toll, y casi lo pagué caro. Con daño 2, 3 a la carga, los Blood Knights son un rival terrible. En general, creo que la mejor forma de gestionar decepciones con salvaciones y heridas es estimar que el rival va a tirar por encima de la media, y tú por debajo. Al fin y al cabo, sin la ley de los grandes números, es mucho más probable que te afecte una desviación típica.

Fuera como fuese, mi stoneguard, Eltharion y el espíritu del viento, desde lejos, corrieron en ayuda de los companions sobrantes, destruyendo a Lauka Vai y a media unidad de caballeros antes del cambio de ronda. Ahí, Juan, que se había posicionado perfectamente para ser underdog, cometió, a mi juicio, un error. Decidió dejar a mis unidades tomando el centro mientras mandaba a sus Blood Knights al punto noreste, con los Barrow Knights en reserva. Lanzó entonces a Vhordrai contra mi centro…y pasó lo que en la anterior partida. Rebotado y bateado por la combinación de vaca y Eltharion, la partida se le puso muy cuesta arriba, a pesar de la buena labor de sus unidades de caballería hostigando mis puntos y puntuando tácticas. Pude desbloquear Master the Paths, cuya segunda táctica era muy sencilla, y matarle tesoros, por lo que la ventaja se convirtió en irremontable, a pesar del buen papel de su caballería. Una partida que disfruté mucho, con un gran rival como Juan, y que resultó en nuestro 3-0. Sábado perfecto.
Ronda 4: Belgique in Spain – Jean-Baptiste. Una vaca de piedra.

Ronda 4, contra el equipo de belgas y franceses. Álvaro levanta la mirada, baraja las cartas de Buenchas y me dice que es hora de que me coma a Nurgle en Noxious Nexus. Patata caliente (y no por Rotigus), con el objetivo de perder de poco y desbloquear emparejamientos mejores para mis camaradas. Jean-Bapstiste me saluda, mi primera partida en inglés, y hablamos de nuestras listas. Comenta que lleva 40 rotswords de nada. Un domingo prometedor para Buenchas.
En la foto de arriba, el despliegue. Busqué ser lo más agresivo posible para tentarle con intentar ser demasiado avaricioso y venir a por unidades mucho más duras de lo que parecen. No picó, y decidió salir para un T1 tranquilo, en el que puntuara la primera de Scouts (sencillísima con sus plague drones) y Attuned to Ghyran, acercando a dos unidades al centro. Pero yo decidí que había que arriesgar. Si sacaba aquellos 10 puntos, y desbloqueaba las dos ramas de secundarias, mi partida estaba perdida. Así que teleport a Avalenor, equipado con la runa del río para reducir cargas, y a plantarlo en el centro de la mesa.
Visto en retrospectiva, me la jugué más de lo que debía. Había desplegado agresivo, pero no lo suficiente para que mi Espíritu del Viento pudiera proporcionar cobertura, o que un mal pile-in llevar a trabarse con la Stoneguard. Era Avalenor y sus martillos junto con Eltharion, si se sumaba. Jean-Baptiste decidió que no había que esperar, y se lanzó con 20 rotswords a por el punto del oeste, y preparó los otros 20 para una carga contra mi vaca favorita. Entró, con el -2 del río, y se vio forzado a pegar con menos miniaturas de las que podía. Punto positivo. No logró darse un ataque más al 3+, segundo punto positivo. Y Eltharion apareció para escoltar a Avalenor. A doble o nada.
Decidió que, con los 15 rotswords que llegaban, dividiría ataques. 5 a Eltharion, 10 a Avalenor. El resultado, inesperado, aun con mi prevención de daño, fue de 2 heridas al segundo y ninguna al primero. En la vuelta, 7/8 rotswords se fueron al suelo. Y respiré. Porque el resto de la partida se convirtió en un festival de sangra en torno a ese punto central. Amarré el del este, que puntuaba menos (pero que podía ser vital en ronda 5) con Callis y Toll, y concentré todas mis fuerzas en torno al punto central. Era vital negar Attuned to Ghyran todo el tiempo posible. A su vez, destruí a una unidad de Rotswords merced a las armas combinadas de todo mi ejército y, con una carga a la desesperada del zorro cuando cerraba la R3, teleporté a Eltharion a un combate suicida contra los rotswords…y uno de los héroes pequeños (tesoro), para hacer sushi de pústulas.

Cierre de filas en torno al objetivo del centro y preparado para cubrir, con runa y zorro, posibilidades de atacar último.
Yo sabía que, a la larga, era una batalla perdida, dada la enfermedad de Nurgle. Con el tiempo apremiando (debí poner reloj), llegamos a final de Ronda 4 con 5 stoneguard, los gemelos, Callis y Toll y sus companions vivos, frente a un Rotigus temblequeante (Avalenor le había hecho 16 daños) y 10 rotswords. Pero, ante el empuje por matarme unidades, Jean-Baptiste no había hecho la última de Scouts, y mi cierre del punto central le impidió puntuar Attuned, con un Avalenor estelar sobreviviendo hasta el final de su turno 4. Yo, a cambio, logré puntuar 2 de Master y 2 de tesoros, que, sumado a mi defensa numantina de mis valiosos dos objetivos, me permitió ganar la partida 32-28. Pero, mi gozo en un pozo, la ronda se nos escapaba por apenas 10 o 12 puntos de diferencia. ¿La maldición buencha nos golpearía de nuevo? 4-0/3-1.
Ronda 5: Cónclave – Aitor. ¿Cuántos espadazos para matar una sábana?

Tampoco hubo foto de esta partida, así que nos quedamos con esta preciosidad de combate entre los Riverblades y los Pyregheists. Este Talavera, por cierto, pareció ir de venganzas, puesto que había jugado contra Aitor en Lugo, donde mis Bladelords le habían enseñado a su Black Coach de Ghyran lo que era el aguante élfico. Pero Aitor, siempre encantador, decidió que no era el día de volver a verse bajo el filo de las espadas de los Lumineth.
El mapa era Grasp of Thorns, y Nighthaunt presentaba una lista con 2×10 Bladegheists, 2 unidades de Banshees, carro, Olynder, Cruciator, Pyres y teleportadores. Después de una ronda 1 de escarceos, donde centré mi ejército en el punto oeste, con Callis y Toll cubriendo el este, Aitor decidió formar un centro fuerte de Banshees, Olynder y el Cruciator, con varias unidades menores yendo a por mi punto oriental. Dado que tenía Scouts y Restless, yo no podía esperar pasivamente, y cometí un error clave: dar por sentado que Eltharion repetiría la jugada de anteriores partidas.
Atrapé a Olynder y Banshees con la Stoneguard, mi mejor unidad para lidiar con fantasmas (por volumen de ataques), y utilicé al zorro para dar un atacar último y propulsarme, colocando a Eltharion a tiro de Cruciator. Allí donde el héroe de Tor Yvresse, el personaje con más miniaturas guapas de la historia de Warhammer, y muchas cosas más, había destripado rotswords, vampiros y dragones, sólo logró hacerle dos daños al Cruciator. Cruciator que aguantó 3 rondas más entre disparos y golpes. Pero achacarlo todo a dados sería estúpido. Nighthaunt juega con la ventaja de un etéreo mejorable, especialmente duro en el caso de los héroes, y, en mi caso particular, con la ausencia de ataques de saturación y mortales. El daño concentrado no funciona tan bien.
A partir de ahí, fue una pelea cuesta arriba por remontar. El carro «solo» hizo 5 heridas a un Eltharion protegido por río y montaña, que procedió a desmontarlo en el turno siguiente. Poco a poco, los Nighthaunt iban cayendo, pero mi incapacidad de matar héroes y preservar mi zona de despliegue (para cumplir la segunda de Master the Paths), y dos errores de colocación, dejando desguarnecidos mis puntos para que él cumpliera Restless, llevaron a que, pese a causar múltiples bajas, no pudiera remontar. Un recordatorio importante de que debería haber dado mucho más peso a la Stoneguard y Avalenor para lidiar con mi rival. Mi vaca no dio ni un martillazo en toda la partida, obsesionado con robar el punto noroeste y evitar que los Bladegheists pudieran quitárselo. Aitor se tomaba una merecida venganza y yo mi primera derrota (habiendo acariciado ese precioso 5-0), pero, afortunadamente, ganábamos ronda. ¡Maldición evitada! 4-1, 4-1.
Y, con esto, Talavera se acabó, y nos fuimos con un séptimo puesto, y la pena porque podía haber sido mucho mejor. Esos 12 puntitos malditos ante Bélgica nos privaron de la posibilidad de disputar el podio, pero, como siempre, fue un torneo estupendo. Si has llegado hasta aquí (¡Valiente!), espero que te haya gustado y servido, y que tengas cuidado si te enfrentas a Lumineth y piensas que «esos elfos no pueden ser tan resistentes»
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